- Les toca a las universidades construir un diálogo de saberes, opinó Marisol Anglés Hernández
CIUDAD DE MÉXICO.- La Organización de las Naciones Unidas enfrenta una crisis institucional por diversas situaciones, como la incapacidad para lograr acuerdos, refirió el coordinador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM, Enrique Provencio Durazo.
El organismo internacional tuvo una “época de oro” cuando había aptitud de allegar apoyo técnico, promover alianzas, echarlas a andar y darles financiamiento, como fueron la Convención de Viena y el Protocolo de Montreal sobre sustancias que agotan la capa de ozono, dijo.
Pero lo anterior se perdió: en 2022 inició el proceso para crear un instrumento jurídico internacional a fin de reducir “fugas” de plástico, sobre todo al mar; al año siguiente se elaboró un primer borrador y en 2024 se abrió la discusión. En lugar de pasar el mecanismo de aprobación, la Asamblea General lo envió a una revisión futura, lo cual ocurrió en octubre pasado. Estados Unidos y Arabia Saudita tronaron el debate y hoy está muerto.
También se dice que está fracasando la acción climática. El Acuerdo de París no se va a cumplir y la temperatura en el planeta subirá hasta 2.3 grados, según estimaciones. “Ya tendríamos que haber disminuido alrededor de 14 millones de gigatoneladas de CO2 en la atmósfera”. Aunque la cifra sigue creciendo, se desaceleró, reconoció al participar en la jornada Diálogos sobre el Día Mundial del Medio Ambiente.
Estamos casi a un grado por debajo de lo que se estimaba hace una década. Hay naciones que implementaron la transformación tecnológica a tiempo y que, gracias a la eficiencia e incorporación de renovables en la matriz energética, representan un cambio. Estados Unidos (a nivel estatal), Reino Unido, Canadá, Australia y la Unión Europea son ejemplo, destacó.
Nutrirse del conocimiento científico
Para la coordinadora del Programa de Posgrado en Derecho de la UNAM, Marisol Anglés Hernández, en materia ambiental les toca a las universidades construir un diálogo de saberes.
El derecho, las políticas públicas y la ciencia política se deben nutrir del conocimiento científico; sin embargo, a veces no estamos dispuestos a la comunicación lo cual impacta en cómo se toman las decisiones, dijo.
“No es posible tener una política climática orientada a reducir gases de efecto invernadero, y una energética dirigida a la extracción de combustibles fósiles y técnicas como la fracturación hidráulica”, indicó.
Las medidas son de corto plazo y poco fundadas en la ciencia, carecemos de una ruta crítica y existe un discurso normativo que no se empalma con los esfuerzos de política pública para hacerlo realidad, subrayó.
En la sesión moderada por el titular de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad, Eduardo Vega López, el investigador del Instituto de Ecología, Luis Bojórquez Tapia, aclaró: lo que llamamos crisis son transformaciones en los sistemas que debemos manejar. “El mundo va a cambiar de una manera que ni siquiera podemos imaginar, y eso se llama incertidumbre”.
Hoy tenemos grandes posibilidades para mejorarlo, es decir, propiciar aquellos valores que colectivamente consideramos importantes para la prosperidad de nuestra especie. En esta discusión la universidad debe jugar un papel fundamental.
Por ejemplo, deberíamos estar analizando los cambios que se proponen a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente. También nos debería preocupar el sistema de justicia, porque hoy no hay manera de defender el ambiente.
Los problemas complejos de gran magnitud no se resuelven, se gobiernan. Se trata de conducir el sistema socioambiental a una condición mejor que la que teníamos, concluyó el científico.