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Sábado, 5 de Diciembre de  2020
09:21

04unam01El crecimiento de la “mancha urbana” trae consigo una serie de problemas. El auge de las ciudades se presenta, entre otros aspectos, por las migraciones de habitantes de las entidades o zonas rurales en busca de bienestar, ya que, por lo general, enfrentan escasez de empleo, bajos salarios o poca rentabilidad del campo.

Esa movilidad también provoca que se lleven a cabo asentamientos irregulares, invasión de espacios de conservación, de cerros, laderas, barrancas, incluso cauces de río; lugares donde al paso del tiempo continúa su expansión y, de esta manera, sus pobladores demandan servicios como calles, pavimentación, luz, agua, entre otros. Las ciudades entonces dejan de ser sitios que sus habitantes puedan disfrutar.

La actual pandemia por la COVID-19 debe llevarnos a replantear las ciudades, a promover más la vida de barrio, la ciudad compacta; hacer más eficiente el transporte público e impulsar ciclovías y el uso de la bicicleta, señalan los expertos de la UNAM, Javier Delgado Campos y Manuel Suárez Lastra.

Es necesario también que urbes como la Ciudad de México dejen de crecer sin control y de manera horizontal, agregan en ocasión del Día Mundial de las Ciudades, que se conmemora este 31 de octubre y cuyo lema es: “Valorando nuestras comunidades y ciudades”.

En nuestro país, 80 por ciento de la población vive en localidades urbanas. La Ciudad de México es la que registra la mayor densidad poblacional al concentrar cinco mil 697 personas por kilómetro cuadrado mientras que a nivel nacional hay 61 habitantes en ese mismo espacio, de acuerdo con el INEGI.

“No es que las ciudades vayan a dejar de ser viables, en la historia han sido la mejor solución para concentrar recursos económicos y que la población aproveche mejor los servicios, pero habrá que pensarla de otra manera.

“Desde el urbanismo se ha propuesto volver a una vida de barrio, de comunidad, a una escala más saludable. Con la expansión urbana fuera de control se alargaron los tiempos de recorrido, el uso del transporte, afectando la vida en comunidad y el tejido social”, refiere Javier Delgado, director del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad.

Poco antes de la pandemia, prosigue, en París se propuso una política denominada la ciudad de 15 minutos, es decir, que las personas no tuvieran que desplazarse más de este tiempo para ir a su trabajo, a la escuela, conseguir alimentos u otros satisfactores.

Para Manuel Suárez Lastra, director del Instituto de Geografía (IGg), la ciudad compacta es aquella donde el uso de suelo es mixto, hay alta densidad poblacional y de empleos, lo que permite que los habitantes puedan desplazarse a diversas actividades en bicicleta o caminando.

“En este momento está claro que el uso del transporte público y las aglomeraciones en él serían mucho menores, si la gente no tuviera que trasladarse desde las distancias que lo hace”, considera.

El también especialista en ciudades y desarrollo urbano enfatiza que se debe trabajar para que las urbes crezcan hacia arriba y no de manera horizontal, a fin de proteger las áreas naturales, pues normalmente les quitan espacio a la agricultura, y luego esta actividad absorbe parte del bosque o áreas naturales.

“En la medida en que te alejas de las ciudades, los lotes de vivienda son más grandes porque el costo del suelo es menor, pero cuando se expande la ciudad, las personas ocupan más espacio que en los centros y eso tiene un impacto sobre el hábitat natural”, detalla.

Ambos expertos universitarios indican que pavimentar, llevar electricidad, agua y demás servicios hacia las zonas periféricas o suburbios es más caro, y no representa una solución.

Delgado recuerda que en la capital mexicana se concentran 2.6 millones de viviendas, equivalente al ocho por ciento del total del país; en el oriente se ubica gran parte de los asentamientos irregulares donde aún hay casas con piso de tierra o techo improvisado.

“La ciudad no es un conjunto de calles y edificios, debe ser un conjunto de hábitats más amables con la gente, en donde su desarrollo emocional, personal, por supuesto, profesional se lleve de mejor manera”, remarcó Delgado, especialista en estructura urbana y regional.

 

No más autos

El número de vehículos que circulan en la Ciudad de México se cuadruplicó en los últimos 30 años, al pasar de 1.5 millones en 1987 a 5.5 millones en 2017, de acuerdo con el Plan Bici CDMX, que pugna por impulsar el uso de la bicicleta y la construcción de ciclovías en la urbe.

“Con la pandemia hemos aprendido muchas cosas, por ejemplo, en el tema del transporte sostenible y el uso de la bicicleta como un medio viable de transporte, que hace 10 años parecía una locura, ahora se ha vuelto una opción real para muchas personas que no lo pensaron como una alternativa de transporte”, expresa Suárez Lastra.

Al respecto, prosigue, destaca la implementación de nuevas ciclovías durante la emergencia sanitaria, como la de la avenida Insurgentes y la intensificación en el uso de otras.

“Con la pandemia, hay personas que están aprendiendo a manejar o comprándose una moto para poder trasladarse en un medio alterno al transporte público, lo que generará más tráfico y una ciudad menos vivible”, alertó el especialista en desarrollo urbano.

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