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Domingo, 21 de Octubre de  2018
08:33

Yo cambio al mundo: Ana Espinosa Mómox, estudiante de la FCFM-BUAP

06reportajebuap01El valor de una persona no se mide con la grandeza de sus distinciones, ni con la gloria y la fortuna de sus triunfos: sí con la nobleza e incondicionalidad de sus actos. Si se comprendiera lo anterior, cree Ana, seguramente muchos cambiarían y darían un pequeño paso hacia un mundo mejor.

Con la convicción de que existe un sentido para vivir y una misión,  Ana Elizabeth Espinosa Mómox, estudiante de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas (FCFM) de la BUAP, escribió para el mundo. Quiso recordarles a los más de siete mil millones de habitantes del planeta Tierra que el rol de ciudadanos globales implica marcar la diferencia desde cualquiera que haya sido la misión elegida.
 
Ella como estudiante, desde su trinchera, asumió su compromiso con el mundo y escribió un ensayo en el que invita a sus lectores a olvidarse de esas frustraciones que apagan cualquier intento de querer modificar el entorno. Un texto que genera empatía entre aquellos que no ven una vía para canalizar sus anhelos de transformación social. Apenas una cuartilla que logra, como muy pocas, la inspiración que muchos necesitan.

Con el ensayo titulado Yo cambio al mundo, Ana hizo una pequeña contribución hacia una cultura de paz y de desarrollo sostenible. Su texto cruzó fronteras: resultó ganador en el Concurso Internacional de Ensayo para Jóvenes 2014, convocatoria organizada por la Fundación Goi para la Paz, de Japón, y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), con el objetivo de inspirar a la sociedad a aprender de las mentes jóvenes y a pensar en cómo cada quien puede hacer la diferencia.

Ana, con sus palabras, alcanzó el tercer puesto de la Categoría Joven. Ahora es miembro de una lista selecta de mentes de diversas partes del mundo, provenientes de distintos puntos del globo como Estados Unidos, Belarus, Emiratos Árabes Unidos, Bangladesh, India, Filipinas, Corea, Ghana, Alemania, Nigeria, Malasia, Ucrania, Colombia, entre otras muchas naciones.

El tema de la edición 2014 de este concurso fue "Mi papel como ciudadano de la Tierra." De entre más de trece mil textos enviados por jóvenes de 151 países, el ensayo de Ana fue seleccionado y la BUAP, gracias a ello, se encuentra en la lista de 34 instituciones del mundo que recibieron el Premio de Incentivo Escolar por el comité que avaló esta convocatoria.

El objetivo de la Unesco y las organizaciones colaboradoras con este tipo de proyectos es empoderar a los jóvenes, llegar a ellos, respondiendo a sus expectativas e ideas, y el fomento de habilidades útiles y duraderas.

En respuesta a esta convocatoria emitida, Ana entregó un recordatorio básico: nuestro rol como ciudadanos del mundo no es buscar la gloria y la fortuna con lo que hacemos. No es levantarse todos los días conformándonos a vivir algo que no queremos, pero que pensamos que no podemos cambiar.

“Our role as citizens of the world is to make a difference”, expresa Ana en el idioma universal. “Nuestro rol como ciudadanos del mundo es hacer una diferencia, la diferencia”,  subraya en el español que la identifica.

Ana estudia la Licenciatura en Física; su vocación no la aleja de la elocuencia en el uso de la palabra. Nadie dijo que las letras y la ciencia fueran antagónicas. Su talento al integrar ambas habilidades se evidencia al identificar en ella su visión global. No es gratuito el reconocimiento internacional al que se hizo acreedora.

Su inspiración surgió a partir de su trabajo en el proyecto de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP,  titulado Del Aula al Universo, con el que académicos y estudiantes promueven el amor a la ciencia a partir de la observación astronómica,  haciendo uso de telescopios que el Taller de Óptica de la misma unidad académica fabrica en coordinación con el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE).

Ella actualmente colabora como capacitadora en esta iniciativa que con el apoyo institucional de la BUAP, el INAOE y la empresa Celestron, construyen telescopios que son donados a escuelas primarias y secundarias de diversos estados del país,  para que sus estudiantes se inicien en el mundo de la Astronomía; el aliciente principal de Del Aula al Universo es estimular a las nuevas generaciones a ser protagonistas de las nuevas directrices de la ciencia.

Recuerda con agrado la experiencia que surgió a partir de su colaboración con el proyecto citado. Juchitán de Zaragoza, una comunidad del estado de Oaxaca, fue el escenario donde Ana aprendió el valor de las acciones desinteresadas, gestos de apariencia pequeños pero que tienen como fondo una valiosa aportación a la humanidad.

En sus estudios de preparatoria, que ocurrieron no hace mucho tiempo, Ana encontró una pasión más en la Astronomía. Entró al proyecto Del Aula al Universo para continuar con esa actividad y ayudar a otros,  más jóvenes que ella (niños y adolescentes), a vivir la experiencia de ver por primera vez, con la ayuda de un telescopio, el cielo y sus estrellas. “Que sientan lo que yo sentí”, expresa la estudiante oriunda de Puebla capital.

Apenas cuenta con 19 años de edad y Ana ya posee convicciones firmes. Con el ensayo “quise refutar lo que creo que todos los jóvenes sentimos: que no  podemos cambiar las situaciones que vivimos. Quise transmitir que las cosas son diferentes, que cada uno de nosotros posee la capacidad de hacer algo que impacte la vida de los demás de forma positiva. Yo creo que inspirar, motivar, enseñar, ayudar a otros a encontrarse con su vocación, son formas de cambiar el mundo”, comenta la joven universitaria.

Con su trabajo en Del Aula al Universo, Ana intenta acercar a sus semejantes al mundo de la ciencia, pues cree que el conocimiento que se deriva de ésta, amplía la visión de las personas y les permite concebir el mundo de otras formas.

Ana estudia una de las ciencias más duras y celosas, la Física. Se avienta horas de intenso estudio. Lo hace únicamente para satisfacer su sed de conocimiento, de saber qué hay detrás de las cosas, de conocer cómo algo tan simple en apariencia puede ser complejo  o cómo algo complejo puede ser descrito de forma simple. Eso es la magia de la ciencia, eso es la magia de construir otra realidad, es como la gracia de ayudar a los otros, de hacer una mejor versión de todos. De  transformar y marcar la diferencia.

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